La familia Duque García nos permite contar una de esas historias que gusta recordar; de ahí que sus vinos nos evoquen esos recuerdos de antaño. Familia dedicada al campo desde…ni ellos se acuerdan desde hace cuantos años llevan dedicados al cuidado minucioso de las viñas. No vienen de familia noble, sino de trabajadores incansables que han hecho de la frase “de sol a sol” su seña de identidad. El terruño, como les gusta llamarlo huyendo de galicismos como Terroir, ha visto crecer entre sus viñas a cinco generaciones de Duque, apellido que con orgullo llevan y han inmortalizado dando nombre a sus vinos.

Todo empezó cuando el abuelo Adrián compro su primera hectárea de terreno en las laderas del término municipal de Fuensaldaña, en la provincia de Valladolid, allá por 1890. Continuó su hijo Nereo y actualmente el hijo de Nereo, Fermín, es quien guía los pasos de sus dos hijos, Alfonso y Jose Carlos. Son ellos quien siguen supervisando cada tarea que se realiza en la bodega.

Pero el verdadero alma de la familia Duque es el “Tío Carlitos” que a sus 81 años se levanta cuando todavía no ha salido el sol para ver amanecer desde las viñas de la familia Duque.

A ellas llega en su bicicleta y con las ganas intactas de trabajar como ha hecho desde hace más de setenta años.
Cuando ve que el sol va a seguir siendo un día más su compañero incondicional, coge su azadón y las tijeras de podar, que seguro tienen mas años que él, y se recorre el terruño para supervisar cada cepa.
No se le despista ni una y como quien cuida de sus hijos las marca con cordeles de colores para que sepan los hombres de campo que les ayudan como tienen que podarlas, con que tijeras, si necesitan algún cuidado especial…en definitiva, las mima una a una para que den la mejor uva con la que luego se elaboran los caldos Lagar del Duque.
En esto radica la calidad de los vinos de la familia Duque, en el esmero y el mimo que cada unos de sus miembros pone en el trabajo de seguimiento de cada cepa, desde que el Tío Carlitos dice que hay que arrancarla para dejar paso a sabia nueva, hasta la recogida de la uva.